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Cerdos, vacas, cabras y pavos rescatados viven a cuerpo de rey en un refugio de Francia

Los animales de granja, salvados de mataderos, del maltrato o del abandono, disfrutan a todo dar con la garantía de que no terminarán sus días en una cazuela.

Animales de granja

El albergue abre las puertas al público cada cierto tiempo "para informar y suscitar una toma de conciencia" sobre el lugar de los animales en nuestra sociedad. (Foto: Pixabay/Referencial)

El albergue abre las puertas al público cada cierto tiempo "para informar y suscitar una toma de conciencia" sobre el lugar de los animales en nuestra sociedad. (Foto: Pixabay/Referencial)


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Cerdos, vacas, pavos y cabras, rescatados de mataderos, del maltrato o del abandono, disfrutan de la vida en un refugio francés con la garantía de que no terminarán sus días en una cazuela.

A su llegada al pueblo de Neuvillette-en-Charnie (noroeste), Margarita, una vaca blanca y negra, descubre los pastos de una propiedad de 12 hectáreas que se convertirá en su nueva morada.

"Margarita fue herida cuando tenía seis años. Y fue una suerte porque sin esta herida hubiera parido terneros cada año para producir leche. La habrían separado de sus crías tras parir e inseminado por la fuerza para empezar de nuevo este ciclo antes de terminar en el matadero", cuenta Caroline Dubois, que creó el refugio GroinGroin para animales de granja en 2005 con una amiga veterinaria.

"Se crean lazos fuertes tanto con una vaca, como con un caballo, una cabra, una gallina o un cerdo", afirma. "Desde la infancia arrastramos un concepto sobre los animales: como están destinados a ser comidos ¡no hay que tejer vínculos afectivos con ellos!", afirma esta vegana, de unos 40 años.

La duración de vida de una vaca lechera en una granja es de unos siete años. "La industria cárnica se alimenta de los desechos de la industria lechera", dice Caroline Dubois. Margarita puede llegar a vivir 15 años.

Un poco más lejos, tres cerdos, entre ellos una cerdita vasca de orejas negras llamada Pompón, gruñen cómodamente instalados sobre paja, al fresco en un refugio que nada tiene que ver con los recintos de hormigón de los criaderos intensivos.

"Pompón vivía en casa de un particular que lo tenía destinado a la matanza pero el propietario no tuvo el valor de matarlo y lo hemos recogido", recuerda Caroline mientras rasca la barriga de la cerdita de 200 kg.

Los primeros huéspedes de Caroline Dubois fueron cerdos vietnamitas que habían sido comprados como animales de compañía y abandonados en cuanto llegaban a adultos.

Amigos

En la actualidad, entre el centenar de animales que escaparon a la muerte hay 40 cerdos vietnamitas que viven en armonía con pavos, cabras, gallinas y gallos.

"Entre los animales y las personas hay interacciones. Las cabritas juegan con las gallinas y las gallinas nos hacen caricias, a los cerdos les encanta que les rasquen la barriga y reaccionan cuando se les llama por su nombre, como los perros", comenta. "¡Hemos hecho trizas todo lo que nos han inculcado!".

A unos kilómetros del refugio, la cerda París, adoptada por Malika Roinet, está sorda y ciega. Cuando la dueña se acerca ella se tumba de costado.

"París es como mi perro. Adora que la rasquen. París y Babus, su amigo cerdo, son muy inteligentes y familiares", afirma Malika Roinet que también convive con cabras enanas para el mantenimiento del terreno. "Un método ecológico", dice.

"Es una diablilla, cuando sale del corral a veces entra en casa y pone todo patas arriba", declara. Ella no es vegetariana pero desde que vive con cerdos "come menos carne que antes".

El refugio abre las puertas al público cada cierto tiempo "para informar y suscitar una toma de conciencia" sobre el lugar de los animales en nuestra sociedad.

"Actualmente es posible alimentarse sin crear sufrimiento animal", reivindica Caroline Dubois, que sube a Internet algunas de sus vivencias con los animales, como la anécdota del pavo "Capitán Flam" (de los dibujos animados Capitán Futuro) que saltó de un camión que se dirigía al matadero la víspera de Navidad.

La cuidadora Mathilde Ruiz, vegana, sostiene que en el refugio "los animales viven la vida que tengan". Esta joven de 27 años lo dejó todo para vivir según sus convicciones: "luchar contra toda forma de explotación animal".

El refugio se sustenta con donativos y cuenta con un presupuesto anual de 180.000 euros (200.000 dólares). (Con información de AFP)

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