El primer Starbucks en EE.UU. dedicado a la comunidad de sordos revoluciona las redes

Lejos de ser una tarea complicada, como ocurre en los establecimientos habituales con las personas sordas, la comunicación en Starbucks para aquellos que no dominan el lenguaje de signos es fluida a través de pantallas y tabletas.

Más allá del ruido de las cafeteras, el único sonido que se puede oír en el primer establecimiento de Starbucks para sordos en Estados Unidos es el de las carcajadas de sus clientes, que están "muy contentos" con la apertura de su nuevo punto de encuentro en Washington. "Creo que este lugar es genial, el personal es muy simpático y todo el mundo puede comunicarse fácilmente aquí. Es una experiencia fantástica", escribe Taylor en una libreta en la que Efe le formula varias preguntas.

La joven sordomuda, nacida en Denver (Colorado), es una de las decenas de estudiantes de la Universidad Gallaudet de la capital estadounidense que han acudido a la nueva cafetería de esta firma, que abrió sus puertas esta semana a dos calles de la facultad. Precisamente, Gallaudet es el único centro educativo del mundo que ofrece educación para sordos en todos los niveles, desde la escuela primaria hasta el doctorado.

Para Taylor, que bebe su primer té de fresa y "açaí" -una fruta amazónica- en su nueva cafetería preferida, este tipo de locales "hacen sentir a los sordos más implicados en el mundo". La estudiante comparte mesa con sus amigos Connor y Enric, alumnos de la misma universidad que también están entusiasmados con el nuevo café.

"Es mi primera vez aquí y me siento muy orgulloso de que por fin exista un lugar especialmente para los sordos. Los sordos son mi familia", redacta Enric en el móvil del periodista de Efe. Lejos de ser una tarea complicada, como ocurre en los establecimientos habituales con las personas sordas, la comunicación en este lugar para aquellos que no dominan el lenguaje de signos es fluida a través de pantallas y tabletas.

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Personas oyentes ven la apertura de este nuevo café como una oportunidad para acercar a ambas comunidades y poder educar sobre lo que significa no poder escuchar. (Foto: EFE)

Personas oyentes ven la apertura de este nuevo café como una oportunidad para acercar a ambas comunidades y poder educar sobre lo que significa no poder escuchar. (Foto: EFE)

Los 25 integrantes de la plantilla del nuevo Starbucks saben reconocer en escasos segundos si el interlocutor controla o no el lenguaje de signos y, en ningún momento, hacen que uno se sienta incómodo por no tener esa habilidad. Con una sonrisa y una expresión de "no pasa nada", los camareros ofrecen un puntero y una tableta para que uno pueda escribir lo que quiera consumir y, al lado, su nombre.

Minutos después, los clientes pueden ver en una pantalla si su pedido está preparado, a la vez que los baristas lo dicen con las manos. "Nunca he visto algo así en toda mi vida, es una gran sorpresa y un gusto muy grande", mecanografía lentamente Roger Cardwell, un anciano de Indiana visiblemente emocionado. "Nunca en mi vida", vuelve a anotar en la libreta.

Cardwell llegó a Starbucks con su hija y su mujer, ambas sordas, con quiénes se tomó numerosas fotos dentro de la cafetería, que tiene varios murales y carteles con símbolos del lenguaje de signos. Pese a que la inauguración de este local es un paso adelante para la comunidad sorda washingtoniana, Enric, el joven latino de la Universidad de Gallaudet, considera que "aún hay mucho trabajo por hacer" en Estados Unidos.

"Casi todo el mundo sabe que los sordos también podemos ser inteligentes, pero todavía hay mucho trabajo por hacer con la ignorancia. Aún hay discriminación contra nosotros porque la gente oyente no entiende nuestra situación", reflexiona. Otras personas oyentes, sin embargo, ven la apertura de este nuevo café como una oportunidad para acercar a ambas comunidades y poder educar sobre lo que significa no poder escuchar.

Este es el caso de Elizabeth Green, una mujer sin familiares ni amigos sordos que ha decidido conocer de primera mano la nueva cafetería de la que los medios de comunicación se han hecho eco.

"Estar aquí me hace reflexionar sobre la manera en la que (los sordos) se comunican. Es una vivencia increíble y ya quiero traer a mis tres hijas para que empiecen a entender y valorar a la comunidad sorda", susurra Elizabeth, que no quiere romper el agradable silencio que se respira en el local de la calle H de Washington.

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