Trabajadora sexual mexicana residente en Madrid posa con su peluca durante la pandemia por Covid-19 en España. (Foto: Oscar del Pozo/AFP)
Trabajadora sexual mexicana residente en Madrid posa con su peluca durante la pandemia por Covid-19 en España. (Foto: Oscar del Pozo/AFP)

Evelyn, Alenca y Beyoncé se prostituían en un club, en un apartamento y en la calle en España cuando la epidemia del agravó todavía más la precariedad de un colectivo laboral desamparado por la ley española.

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“Los dueños de todos los clubes en España, los que han podido, han echado a las chicas a la calle” desde el inicio del confinamiento a mediados de marzo, dice con amargura Evelyn Rachel, una colombiana de 35 años, la única entrevistada que da su nombre real.

En , la prostitución está en un vacío legal, ni prohibida ni permitida. Aun así, cuenta con numerosos burdeles, donde se prostituyen extranjeras, a menudo bajo presión de redes criminales.

Trabajadora sexual colombiana camina por las calles de Chozas de Canales durante la cuarentena en España por el Covid-19.  (Foto: OSCAR DEL POZO / AFP)
Trabajadora sexual colombiana camina por las calles de Chozas de Canales durante la cuarentena en España por el Covid-19. (Foto: OSCAR DEL POZO / AFP)

Alojada en un club de alterne de Madrid, Evelyn pagaba 2.100 euros al mes para poder trabajar allí como prostituta, explica.

“El argumento de la patronal es que pagábamos esos 2.100 euros por la habitación, dicen que es como un alquiler. Esto es mentira, es el derecho a trabajar lo que pago yo” habitualmente, protesta.

El local contaba con 15 mujeres, en su mayoría suramericanas, explica Evelyn. Casi todas marcharon. Las que procedían de Rumanía volvieron a su país.

A ella no la echaron a la calle pero denuncia que le dejaron quedarse como “un favor humanitario, no como empleada de un local que se merece un sitio donde vivir”.

Aunque suela terminar sus frases con “mi amor”, Evelyn es una militante aguerrida. El año pasado consiguió que la justicia reconociera que mantenía “una relación laboral” con uno de los burdeles más conocidos de la región.

Es miembro de la organización de trabajadoras sexuales Otras, un sindicato nacido en 2018 pero no reconocido en este país, cuyo gobierno de izquierdas defiende la abolición de la prostitución.

Evelyn denuncia la “alucinante” paradoja: “los dueños de los clubs grandes pueden hacer legalmente un ERTE (plan de suspensión de empleo temporal) a las camareras, a las limpiadoras, a todas las que tienen un contrato; y echan a la calle a las prostitutas”.

Y ellas “no pueden acogerse a ningún tipo de ayuda por no estar reconocidas como trabajadoras”, insiste.

Servicios clandestinos o por webcam

Durante el confinamiento, con los locales cerrados y la movilidad restringida, “las chicas que pueden trabajar con anuncios en páginas de internet lo están haciendo de forma clandestina” en su habitación o la del cliente, bajo riesgo de contagiarse, explica Evelyn.

Ella misma se plantea hacerlo así, dado que tiene “una persona a cargo”.

En el caso de Alenca, llegada en octubre huyendo de la violencia contra las transexuales en México, no le quedó otra que trabajar por webcam.

En abril no pudo pagar el alquiler por primera vez desde su llegada y la agencia inmobiliaria amenazó con desahuciarla. Recibió entonces apoyo jurídico de Otras y una ayuda alimentaria.

En esa casa en Madrid había empezado a recibir clientes cuando estalló la pandemia. Ahora debe hacerlo por videollamada, aunque no antes de maquillarse cuidadosamente y ponerse una peluca.

"A mi no me gusta, porque me siento muy expuesta (...) Hay personas que pueden grabar estas sesiones y yo no quisiera que esto pudiera salir, porque aspiro a cambiar de vida", explica.

No son reconocidas como trabajadoras sexuales

Beyoncé, una transexual ecuatoriana de 34 años, trabaja habitualmente en una calle de la zona industrial de Villaverde, un epicentro de la prostitución en Madrid. Allí atiende directamente en sus coches a los clientes que se paran.

“Paré de trabajar el viernes (13 de marzo) antes del confinamiento. Nos quedamos allí las que nos vimos un poco obligadas a salir para pagar la comida, la caja. Pero unas tres o cuatro semanas antes, casi ya no había clientes”, afirma.

“Somos reconocidas como víctimas, pero no como trabajadoras ni como putas siquiera” en España, protesta esta militante de la asociación feminista de trabajadoras sexuales Afemtras.

Incluso antes de la epidemia, desde esta organización reclamaban la instalación en esa zona industrial de un local para las trabajadoras que incluyera baños, duchas y papeleras.

Cuando pueda volver a la calle, Beyoncé asegura que tomará medidas de precaución contra el virus. Pero todavía “no sé de qué manera lo haré”, reconoce.

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