Betty Grier Gallagher, la enfermera que se negó a jubilarse para luchar contra el coronavirus, falleció poco antes de cumplir 79 años. (Foto: Coosa Valley Medical Center / Facebook)
Betty Grier Gallagher, la enfermera que se negó a jubilarse para luchar contra el coronavirus, falleció poco antes de cumplir 79 años. (Foto: Coosa Valley Medical Center / Facebook)

Después de 50 años trabajando como enfermera de emergencias, Betty Grier Gallagher, de Alabama (), se ganó el derecho a jubilarse. Sin embargo, quienes la conocían sabían que esa idea era imposible de aceptar para ella, más aún con la llegada de la , que lamentablemente acabó cobrándose su vida a los 79 años.

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Gallaher trabajaba en el turno noche del Coosa Valley Medical Center. Sus compañeros la consideraban una “madre de trabajo”. A Miss Betty, como la conocían, le encantaba aconsejar, ayudar, y ser hasta psicóloga de las enfermeras más jóvenes. Así como cuidaba a sus colegas, también se dedicaba a sus pacientes.

Por ello, no extraña que, tras la llegada del coronavirus a tierras norteamericanas, la mayoría le haya pedido que se retire para que descansara y se proteja del virus en su hogar; no obstante, ella se negó y se quedó a trabajar porque sabía que la necesitarían.

“Ella no hizo eso para hacerse notar. Lo hizo porque ella era así, y esa era su vocación. Este era el propósito y el plan para su vida”, dijo Carson Grier Jr., hijo de la enfermera, en conversación con la . “Era del tipo de persona que se preocupa por uno como enfermera tanto como se preocupa por un paciente”, dijo su ex colega Nikki Jo Hatten.

El pasado 19 de diciembre ocurrió algo inusual. Su compañera, Nikki Jo Hatten, notó que a Miss Betty, quien siempre aparecía con una sonrisa para animar a los demás, le faltaba el aliento. Al día siguiente, dio positivo para covid-19 y fue hospitalizada en su mismo centro de labores. Lamentablemente, falleció algunas semanas después, un día antes de cumplir 79 años.

“El día que falleció, casi todo nuestro personal de emergencias fue y llenó esa habitación. No era la forma en que queríamos que se fuera, pero me alegro de haber llegado”, contó Hatten.

“Siempre tenía una sonrisa en su rostro. Ella encarnó el espíritu de cuidar a los pacientes tanto en cuerpo, como en mente y espíritu. Siempre fue gentil y se preocupó profundamente por sus pacientes. Lamentamos su pérdida y celebramos su vida”, escribió en Facebook la página del hospital Coosa Valley, centro de labores de Miss Betty.

Sin dudas, una heroína de carne y hueso que dio todo de sí hasta el final por los demás.