Augustin Trébuchon, el soldado francés que murió 10 minutos antes de que termine la Primera Guerra Mundial

Un inesperado disparo le alcanzó en la cabeza matándolo en el instante. Diez minutos después, sonó la corneta que anunciaba el final de la Primera Guerra Mundial. Augustin Trébuchon nunca la escuchó

Augustin Trébuchon, un pastor alistado en 1914, no tuvo tiempo de oír como el clarín tocaba el final de los combates el 11 de noviembre de 1918 en Vrigne-Meuse, escenario de la última ofensiva francesa en la Primera Guerra Mundial. Murió de una bala en la frente diez minutos antes del alto el fuego.

"Se le considera el último poilu muerto en combate en territorio francés" y se ha convertido en "un emblema que habla de todos esos muertos el 11 de noviembre", afirma Carole Marquet-Morelle, historiadora y directora del Museo de las Ardenas, en el noreste de Francia.

Poilu (peludo) es el apodo usado para los soldados de la infantería francesa durante la Primera Guerra Mundial.

En la parcela militar de Vrigne-Meuse, las 18 cruces blancas de Trébuchon y sus camaradas de infortunio llevan fecha de 10 de noviembre de 1918.

"Es una cuestión de honor, el día del armisticio, no debía haber muertos", explica Jean-Christophe Chanot, alcalde de esta aldea ocupada, como el resto de las Ardenas, durante toda la guerra y escenario de la llamada "última de las últimas" entre soldados franceses exangües y tropas alemanas acorraladas.

Y es que, mientras los Aliados y los plenipotenciarios alemanes negociaban en Rethondes el final de la guerra, la 163ª división de infantería, a la que pertenecía el soldado Trébuchon, recibió órdenes del mariscal Foch de lanzar una última ofensiva contra el enemigo, más allá del río Mosa,para asegurarse la victoria, según Marquet-Morelle.

Augustin Trébuchon, de 40 años, ejercía de enlace entre el mando y el frente o la retaguardia. "Participó en todas las grandes ofensivas, Verdún, el Camino de las Damas, la segunda batalla del Marne... y de cada vez estaba en el frente", cuenta.

Ese día, cuando iba a entregar un mensaje a su capitán, apostado cerca de las vías férreas, a dos kilómetros del puesto de mando, la bala de una ametralladora le alcanzó en la frente, relata Chanot.

A las 11H00, en la aldea aledaña de Dom-le-Mesnil, Octave Delaluque tocó el clarín para marcar la entrada en vigor del alto el fuego. Demasiado tarde para Trébuchon. Por diez minutos.

- "Acordeonista" -

Hasta en los años 1980, la historia no retuvo el trágico destino de Augustin Joseph Louis Victorin Trébuchon, naciado el 30 de mayo de 1878 en Montchabrier, en el sur de Francia.

Este hijo de agricultores creció en el campo. Encarnaba al poilu, "porque era rural, paisano", recuerda la historiadora.

Como era huérfano sólo tuvo que hacer un año de servicio militar, en vez de los tres obligatorios, para ocuparse de la subsistencia de algunos de sus hermanos y hermanas. Los mantenía con su trabajo de pastor.

"Tenía una afición que se acabó convirtiendo en un segundo oficio: tocar el acordeón", cuenta a la AFP el poeta Léon Bourrier, hijo de un amigo suyo, Firmin Bourrier, con el que partió a la guerra el 4 de agosto de 1914 a la edad de 36 años.

"Animaba todas las veladas" y "siempre estaba acompañado por su novia, Hortense", cuenta Bourrier, 85 años.

En la única fotografía suya como oficial de enlace se ve a un hombre de 1 metro y 61 centímetros de estatura, con entradas en el pelo. En cuatro años sólo tuvo un permiso, en 1917, y fue condecorado con la Cruz de Guerra.

"A mi abuelo no le gustaba hablar de la guerra, pero conocíamos más o menos su historia", declara Lucien Trébuchon, su sobrino nieto de 69 años.

En la aldea de Montchabrier, una sala lleva su nombre, así como una calle de Vrigne-Meuse, donde Augustin Trébuchon estará omnipresente en las conmemoraciones del centenario de la Primera Guerra Mundial.

AFP

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