Rose Plaza Hotel, la historia del lugar que rompe con las tradiciones en Irak y recibe turistas a diario

En Irak se acostumbra recibir a los extranjeros en casa, como parte de la tradición; sin embargo, esto está cambiando desde que llegó Rose Plaza Hotel

Rose Plaza Hotel

El Rose Plaza Hotel está ubicado en pleno corazón de Ramadi, capital de Al Anbar. (Foto: AFP)

El Rose Plaza Hotel está ubicado en pleno corazón de Ramadi, capital de Al Anbar. (Foto: AFP)

Hace solo unos días, encontrar un hotel en Al Anbar seguía siendo misión imposible. Pero ahora, una fonda rompe con las ancestrales tradiciones tribales del oeste de Irak, donde no acoger a los extranjeros en casa es una "vergüenza".

En pleno corazón de Ramadi, capital de esta provincia sunita, una insignia roja advierte desde lejos, en árabe y en inglés, que el Rose Plaza Hotel se encuentra en este alto edificio de fachadas iluminadas con luces de neón de colores.

Este proyecto de 80 camas, lanzado por un joven hombre de negocios, causó un gran revuelo en la inmensa provincia desértica de Al Anbar, que limita al oeste con Bagdad y se extiende hasta las fronteras con Siria, Jordania y Arabia Saudita.

Mohamed Kasar defiende a capa y espada su proyecto. Cierto que "estamos en la provincia de la generosidad y la hospitalidad", dice a la AFP Mohamed, ataviado con traje y corbata.

"Pero no es serio que una provincia que abarca un tercio de Irak, limita con tres países y es un cruce de caminos comercial no tenga ningún hotel", considera el iraquí, de 29 años.

Leyes ancestrales

Hace mucho que la región de Al Anbar, que durante largo tiempo fue un bastión de la insurrección antiestadounidense y después cayó en manos del grupo Estado Islámico (EI), no recibe ni turistas ni inversores en viajes de negocios.

Pero desde la recuperación de Ramadi en 2016, la reconstrucción y los proyectos inmobiliarios y comerciales atraen a jefes de empresas y obreros, sobre todo de otras provincias de Irak.

Luai Rafe celebra haber encontrado el Rose Plaza. Este hombre de negocios pensaba que podría terminar sus trámites administrativos en un día y regresar a Bagdad, unos 100 km al este de Ramadi.

Rose Plaza Hotel

Este proyecto de 80 camas, lanzado por un joven hombre de negocios, causó un gran revuelo en la inmensa provincia desértica de Al Anbar. (Foto: AFP)

Este proyecto de 80 camas, lanzado por un joven hombre de negocios, causó un gran revuelo en la inmensa provincia desértica de Al Anbar. (Foto: AFP)

Pero el proceso resultó más largo de lo esperado y tuvo que reservar una habitación en el hotel de Mohamed Kasar, recién inaugurado.

"Cada vez que venía aquí dormía en casa de un amigo y me incomodaba molestarlo. Este hotel es totalmente bienvenido, facilita la vida de todo el mundo", asegura este iraquí.

Sin embargo, la vida de todo el mundo en Al Anbar la rigen las tribus y sus costumbres ancestrales. Y la primera de ellas en la región está clara: cuando alguien se cruza a un extranjero debe invitarlo a su casa, con toda prioridad, para comer en abundancia y dormir durante su estadía.

Incluso las casas están construidas pensando en ello, pues la habitación más grande es la "diwaniya", la sala de recepción, que debe ser imponente, incluso aunque robe parte del espacio de la familia.

Luna de miel

El único que trató de abrir un hotel en Al Anbar antes de Mohamed Kasar fracasó en el intento, como demuestra un edificio inacabado y abandonado.

La empresa turca que lo construía tuvo que dejarlo todo cuando el grupo EI invadió la región en 2014.

Para Mohamed Ahmed, el Rose Plaza tiene otra ventaja, pues le sirvió para pasar su luna de miel.

"No tenía ningún otro sitio al que ir y este hotel es una linda alternativa", afirma a la AFP este recién casado de 28 años.

Rose Plaza Hotel

El turismo en la ciudad se vio seriamente afectado cuando el grupo Estado Islámico invadió la región en 2014. El Rose Plaza Hotel es un sobreviviente. (Foto: AFP)

El turismo en la ciudad se vio seriamente afectado cuando el grupo Estado Islámico invadió la región en 2014. El Rose Plaza Hotel es un sobreviviente. (Foto: AFP)

Para los habitantes de Al Anbar, más allá de las jóvenes parejas a la búsqueda de romanticismo, la hotelería también tiene que desarrollarse para atraer a otros clientes de mayor peso. Hay quien ya sueña con congresos internacionales, conferencias económicas o cumbres para la reconstrucción tras el paso del EI.

Pero todavía quedan algunos irreductibles, como el jeque Ibrahim Jalil al Hamed, quien quiere preservar las tradiciones que resistieron al paso del tiempo e incluso a las sucesivas guerras que arrasaron Irak.

"Estos hoteles nunca existieron en las tradiciones de nuestros padres y nuestros abuelos", afirma a la AFP este mandatario tribal, de 52 años. "Todo lo que nosotros hemos conocido es que los invitados venían a casa de las tribus", que los acogían magníficamente.

"Estos hoteles destruyen nuestra reputación", se lamenta Ibrahim, con su fular beduino blanco en la cabeza y la abaya negra en los hombros.

(Fuente: AFP)

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