• Científicos buscan a los dueños de un video encontrado en un USB en el interior de las heces de una foca. (Pixabay)
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    Científicos buscan a los dueños de un video encontrado en un USB en el interior de las heces de una foca. (Pixabay)

  • Científicos buscan a los dueños de un video encontrado en un USB en el interior de las heces de una foca. La historia es viral en Facebook. (Twitter / @niwa_nz)
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    Científicos buscan a los dueños de un video encontrado en un USB en el interior de las heces de una foca. La historia es viral en Facebook. (Twitter / @niwa_nz)

  • Científicos buscan a los dueños de un video encontrado en un USB en el interior de las heces de una foca. La historia es viral en Facebook. (Twitter / @niwa_nz)
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    Científicos buscan a los dueños de un video encontrado en un USB en el interior de las heces de una foca. La historia es viral en Facebook. (Twitter / @niwa_nz)

Un equipo de científicos de Nueva Zelanda (NZ) conservó excrementos de focas en congeladores para su análisis un año después. La sorpresa de los investigadores fue mayúscula cuando descongelaron las “piezas” y encontrar una memoria USB. La insólita historia se ha convertido en entre los usuarios de .

Como se ve en las imágenes compartidas a través de las redes sociales, el dispositivo USB contiene fotos personales de unas vacaciones en la isla sur de Nueva Zelanda junto a un video donde se aprecia a alguien practicando kayak muy cerca de una hembra león marino y su cachorro jugueteando en aguas poco profundas.

"Oculto en el fondo del excremento se encontraba una memoria USB. El dispositivo estaba en buenas condiciones considerando de dónde venía, así que lo dejamos secar durante unas semanas. Ahora mismo la única pista sobre a quién podría pertenecer es la punta de un kayak azul", señaló el equipo de científicos en un comunicado.

Según ha explicado el Instituto Nacional de Investigación del Agua y la Atmósfera (NIWA) en su cuenta de Facebook, la muestra del excremento de focas leopardos donde se encontró el USB se recolectó en noviembre de 2017 en la playa Oreti de Invercargill. La historia se ha convertido en viral a través de Facebook.