Joven intenta robarle a su maestra, pero ella lo reconoce y le termina dando una valiosa lección. (Foto: YouTube)
Joven intenta robarle a su maestra, pero ella lo reconoce y le termina dando una valiosa lección. (Foto: YouTube)

Todos tenemos claro que robar está mal y, sin embargo, cada día vemos en las noticias de que se ha producido algún en alguna parte del lugar donde vivimos. Existen muchas modalidades de hurto, pero en la mayoría de veces, es por necesidad; la falta de un trabajo o recursos para poder alimentarse o sustentar gastos esenciales provoca que haya gente muy desesperada a la que no le queda otra opción.

Algunos consiguen su objetivo a costa de la seguridad de diferentes personas, y otros no. Sin embargo, uno de estos delincuentes puede confirmar que su último robo podría haberle cambiado la vida para siempre. En unas imágenes de las cámaras de seguridad de una casa en y compartidas en se ve con claridad a una señora intentando abrir la puerta de su casa, cuando una motocicleta con dos individuos encapuchados se estaciona frente a ella.

A pesar de los esfuerzos de la mujer por apresurarse a abrir la puerta de su casa y resguardarse, uno de los encapuchados desciende rápidamente del vehículo lineal y le exige que le dé absolutamente todo lo que trae sin tirar nada. Con los nervios de punta, la víctima del hurto le pide que no le haga daño y comienza a sacar sus pertenencias y joyería con cuidado para entregársela al asaltante.

Teléfono celular, cartera y piezas de joyería son entregadas poco a poco al facineroso, mientras la mujer le ruega que por favor no le haga daño. Él, encapuchado, con lentes oscuros y una gorra color rojo, le pide que no hable y solo se apresure a quitarse las cosas para que pueda escapar. No le vamos a hacer nada si se apresura. Ándele. Los aretes, ándele. ¡Muévase!”, se escucha decir al joven.

La mujer reconoció a su asaltante y le terminó dejando una gran lección. (Foto: YouTube)
La mujer reconoció a su asaltante y le terminó dejando una gran lección. (Foto: YouTube)

“¿Fernando? ¿Eres tú?”

El asaltante le dice a su cómplice que lo espere, pues ya casi termina su cometido. Sin embargo, estos momentos de distracción por su parte bastaron para que la mujer pudiera observarlo con detenimiento. “¿Fernando? ¿Eres tú?”, le pregunta a su asaltante que, descubierto, intenta escapar, pero su compañero lo abandona y él queda atrapado frente a nada más y nada menos que su maestra.

Inmediatamente, comienza a pedirle perdón a su maestra. La mujer recuperar el control de la situación y se envalentona a tal punto que le pide a su alumno que le devuelva sus cosas, mientras lo reprende por dedicarse a robarle a la gente. Cuando su alumno le dice que ya se va, ella le dice que no y se da cuenta de todas las pertenencias que Fernando había sustraído antes que la atracara a ella.

La maestra le pide a su alumno que la vea a la cara y le explique por qué está dedicándose a robar. Mientras continúa el regaño, Fernando le increpa a la mujer que no entiende la situación y le explica que su mamá está enferma. Ante la respuesta, ella le dice que le pedirá un trabajo para el muchacho con tal de que se aleje de esa situación. Él, agradecido, se acerca a la señora en cuestión y la abraza.

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